Si te tocara a ti, ¿qué pasaría con tu fe? ¡Prepárate!

Mensaje profético recibido por Noelia Fernández

Disponible en Inglés Español


Amados míos, dice el Señor, ¿por qué están temblando sus rodillas? ¿Por qué se sienten tan débiles sus piernas? Este no es un tiempo para temer, sino para adorarme de todo corazón, para creerme, para leer lo que está escrito y para glorificar mi santo nombre al ver cómo esas cosas se cumplen delante de sus ojos y cómo ustedes se convierten en testigos en estos tiempos del cumplimiento de la Palabra escrita.

Ustedes han sido elegidos para presenciar el cumplimiento de muchas cosas que están escritas para estos días, dice Dios, y eso no es un castigo, sino más bien un privilegio.

Noelia: Nos veo a todos nosotros, los nacidos de nuevo que estamos viviendo en este tiempo postrero, con una corona sobre nuestras cabezas, pisando fuerte, estables y confiados en nuestro Dios. Y Dios me dice que somos personas especiales, porque no cualquiera fue hecho para transitar estos días tenebrosos y peligrosos de los últimos tiempos. No somos almas de cualquier tipo, sino almas que tienen todo lo necesario para vivir lo que estamos viviendo.

Tú fuiste hecho para este tiempo, dice el Señor, porque te di lo que necesitas para sobrevivir y para ser victorioso mientras ves cómo lo que está escrito se concreta enfrente de tu cara. Yo soy el que te formó para estos días, para este momento. Yo soy el que dibujó y diseñó tu camino, para que camines en todo lo que planifiqué para tu vida.

[Ester 4:14] Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?

En estos tiempos postreros no es una casualidad que estés aquí, viviendo este momento. No es el azar el que se encargó de que nazcas en estos últimos días. Yo lo planifiqué, dice el Señor. Yo fui el que te formó en el vientre de tu madre. Yo soy el que sopló en tus narices para darte aliento de vida y te plantó en este tiempo de manera perfecta para que cumplas propósitos específicos que diseñé exclusivamente para tu alma.

Tu vida en este tiempo no es un error, dice el Señor. No es el diablo el que te hizo nacer o el que te dio la vida para que camines en estos días. Yo soy el que soy y Yo seré el que seré, y Yo sé lo que hago con cada alma que he creado para mi propia gloria.

Quiero que mi pueblo se levante y que camine confiadamente, dice Dios. Quiero que mi pueblo levante su mentón y camine con honor, como alguien que sabe que ya ha vencido a través de la sangre del Cordero, no como un derrotado. Quiero que mi pueblo gane confianza en sí mismo y que deje de comportarse como un perrito que ha sido golpeado y que tiene miedo de dar siquiera un paso.

Quiero que mi pueblo deje de preguntarme por qué tiene que vivir justamente en este tiempo y comience a agradecerme por su vida, dice Dios. Quiero que los Míos dejen de quejarse por lo difícil que es su vida y me digan: «Gracias, Señor. Yo sé que por algo me trajiste exactamente para este momento». Quiero que los Míos dejen de escaparse del destino que he diseñado para ellos y comiencen a aceptar que lo que he planificado para sus vidas es perfecto.

Entiendan que mi voluntad es buena, perfecta y agradable, dice el Señor. No quiero el mal para el hombre, y todo tiene un propósito para el bien de aquellos que me aman.

Hijitos, dice el Señor, tienen que confiar en Mí, aunque no entiendan todas las cosas. No necesitan saberlo todo para creerme, para saber por fe que estoy con ustedes. Pero muchos de ustedes piensan que los he abandonado, solamente porque las circunstancias que están viviendo son desfavorables. Muchos de ustedes piensan que ya no los miro, que ya no los veo, que ya no los escucho, solo porque están sufriendo.

Recuerden que Jesús sufría, pero igualmente me bendecía, dice el Señor. Jesús lloraba, pero igualmente me glorificaba. Jesús entendió que la copa de la muerte no podía pasar de Él, que no podía escapar de ese sufrimiento, de ese dolor pasajero, pero igual me creía.

Ustedes a veces no son como Jesús, que, habiéndome pedido que, si fuera posible, pase de Él esa copa, recibió un no como respuesta e igualmente siguió amándome, creyéndome y confiando en Mí, dice el Señor. Ustedes aún no han aprendido lo que está escrito sobre eso, y cuando reciben un no, son ustedes los que me dan la espalda; son ustedes los que se escapan; son ustedes los que comienzan a dudar de mi amor.

Jesús no dudó de que Yo lo amaba, dice el Señor, aun mientras estaba siendo colgado, aun cuando lo entregué en manos de sus propios hermanos. Jesús confió hasta la sangre y entregó su vida por amor a Mí, en obediencia. Pero cuando ustedes pasan por el mínimo problema o aflicción, la duda entra inmediatamente en sus corazones y comienzan a cavilar acerca de Mí y a creer que soy malo, que los he abandonado, que los he dejado, que ya no me importan.

Tienen que aprender a confiar en Mí, pase lo que pase, suceda lo que suceda, y a nunca quitar sus ojos de Mí, dice Dios. Tienen que saber que soy bueno, por más que a veces les tenga que decir que no, porque un Padre sabe mejor que el propio hijo qué es bueno y qué es malo para él.

Amados míos, Yo me estoy ocupando de ustedes, dice Dios. No se detengan, no frenen, no dejen de amarme, no dejen de buscarme. Sean como Job, que aceptó lo bueno, pero también lo malo de mi parte y que, aun sin entender por qué le estaba sucediendo lo que le sucedía, glorificaba mi santo nombre.

Ámenme independientemente de las circunstancias que estén viviendo, dice el Señor, porque muchos de ustedes me aman cuando todo está bien, pero inmediatamente dejan de amarme cuando las cosas se ponen difíciles.

Tribulación viene sobre el mundo entero: angustia sobre los buenos y angustia sobre los malos, dice el Señor. ¿Qué harían si esos terremotos que ven suceder en algunos países les sucedieran a ustedes? ¿Cómo responderían si ese tsunami que están viendo por televisión viniera a sus propias costas y les arrebatara lo que más aman en este momento? ¿Cómo responderían si les pasara lo que le pasó a mi siervo Job, que se quedó casi sin nada en un mismo día?

No es fácil, dice el Señor, pero es posible seguir confiando en Mí, seguir creyendo en Mí, seguir amándome y siéndome fieles. Escudriñen sus corazones para ver si realmente están preparados para pasar por este tipo de pruebas, porque vienen más terremotos, más tsunamis en las costas, más huracanes y tornados que destruyen la tierra, más guerras y rumores de guerras, pestes que aniquilarán a mucha gente, hambre, problemas económicos y crisis financieras.

Todo esto es lo que está escrito, y algunos de ustedes piensan que no les va a tocar, que ese camión cargado no va a estacionar frente a sus puertas. Pero voy a probar a los justos, dice el Señor. Los injustos no necesitan ser probados, pero a los Míos los voy a refinar para que su fe crezca, para que cuando venga el Deseado de las naciones sus vasos estén llenos de fe.

Las pruebas vienen sobre el mundo entero, incluyendo a los Míos, dice Dios. Algunos de ustedes van a perder sus casas. Otros van a ver cómo sus congregaciones se desarman literalmente; las paredes van a ser destruidas. Otros van a tener que decirles adiós a algunos seres queridos. Otros atravesarán enfermedades.

La vida no es fácil, dice Dios, pero no se trata de si es fácil o si es difícil, sino de cuánta fe el Señor va a encontrar en la tierra cuando venga, y ustedes son esas copas que quiero ver llenas de fe cuando Jesucristo venga por los suyos.

[Lucas 18:8] Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Amados míos, prepárense, dice el Señor. Y cuando pasen por cosas difíciles, no le den lugar a esos pensamientos que el enemigo pone en sus mentes, tratando de hacerles creer que los he abandonado, que los he dejado, que ya no los escucho, que no me importan. Sean como Jesús, que habiéndole Yo dicho «No es posible que esta copa pase de Ti», igualmente me amó e igualmente se consagró a Mí hasta la muerte.

Amados míos, dice el Señor, muchos de ustedes van a tomar distintas copas, pero no es para destruirlos. No es porque los he abandonado, no es para castigarlos, sino para que se acerquen más a Mí, para que su fe crezca, para que ya no sean cristianos mediocres que digan que me aman, pero que no lo manifiesten en la realidad de sus actos.

Muchos de ustedes van a tener que beber distintas copas difíciles de tomar, dice el Señor, pero es para refinarlos, para prepararlos, para que sean dignos de entrar por las puertas y habitar conmigo en la vida eterna, porque únicamente aquellos que fueron encontrados dignos de pasar por padecimientos similares a los de Jesús han sido escogidos para ser glorificados y sentarse con Él en su trono.

Tienen que entender que todos los que siguen al Señor Jesucristo tienen que ser similares a Él, dice el Señor. Tienen que sacrificar sus vidas como Él sacrificó la suya. Tienen que llevar su cruz como Él llevó la suya y atravesar situaciones similares a las que Él atravesó, porque aquellos que no sufren no son dignos de Él. El carácter de aquellos que no lloran no se forma a la imagen de aquel Señor que lloró.

Déjense formar, dice Dios. Déjense refinar. No se resistan al dolor, sino que compréndanlo como una oportunidad para crecer en Mí, como una oportunidad de parecerse a su Señor.

Amados míos, aún falta más, dice Dios. Tribulación viene al mundo: llanto, angustia, dolor, pérdida, conflictos mundiales, mares que se levantan, agitación social, hombres que se vuelven locos, hospitales mentales que comienzan a llenarse de gente que pierde la mente, hospitales que no dan abasto para atender a los heridos por las catástrofes que vienen a la tierra.

Tienen que prever que estas cosas van a seguir aconteciendo y agravándose, dice Dios, porque así está escrito y porque así tiene que ser para que esta tierra y este cielo pasen y vengan una nueva tierra y un nuevo cielo.

Lo que ustedes ven ahora va a perecer, para que nazca algo nuevo, dice Dios. Pero primero la decadencia, primero la perdición del hombre, primero la contaminación de la tierra, que se tambalea como un borracho y que manifiesta la maldad y el pecado del hombre, pecado que crece y crece en estos últimos días.

Primero viene la más alta manifestación de la maldad en el mundo, que dará a luz a su rey, a su señor, a este hombre representante de las tinieblas, que viene con poderes de abajo, no de arriba. Ustedes lo van a ver y se van a acordar de todo lo que está escrito sobre él, pero muchos no van a estar preparados para presenciar cómo se cumplen, a plena luz del día, las palabras escritas sobre el Anticristo.

Tienen que prepararse y entender que mi pueblo va a pasar por la prueba final de los últimos días, dice el Señor, viendo cómo este hombre hace y deshace durante el tiempo que le está permitido, tiempo ya estipulado desde antes de su manifestación. Tienen que aceptar que el camino no será fácil, pero también creer que Yo estaré con ustedes hasta el fin del siglo, porque así lo dije.

Hijitos, deben creerme y no apartarse de Mí, dice Dios, porque de todas maneras van a sufrir por las cosas que vienen al mundo entero. Pero no es lo mismo sufrir con esperanza que sufrir sin ella.

Si ustedes se apartan de Mí, dice Dios, el diablo irá por sus mentes para volverlos locos también a ustedes, porque será difícil resistir sin Mí. Será casi imposible levantarse si Yo no estoy ahí.

Deben entrenar sus mentes para pensar de una manera determinada, pase lo que pase, venga lo que venga, dice Dios. Deben imaginar situaciones que podrían atravesar en este mundo y decidir en sus corazones cómo van a responder a ellas. Deben decidir confesar mi nombre hasta el final, aun si los amenazaran de muerte por amor a Mí.

Amados míos, muchos de ustedes viven una realidad inventada. Muchos se han creado un falso evangelio y no tienen los pies sobre la tierra como deberían. Están imaginando cosas que no están acordes con lo que está escrito. Piensan que a ustedes no les va a pasar nada que les provoque dolor, aflicción o sufrimiento.

Pero si el mismo Hijo de Dios tuvo que ser perfeccionado a través de su obediencia, habiendo caminado en el mundo sin mancha y sin pecado, sin equivocarse y sin errar, ¿cuánto más aquellos que se equivocan? ¿Cuánto más aquellos que pecan? ¿Cuánto más aquellos que no me aman como dicen amarme y que no me creen como dicen creerme? ¿Cuánto más aquellos que, aun predicando mi Palabra, no confían en Aquel que la escribió?

[Hebreos 5:8-9] Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen

Deben cambiar su manera de pensar, dice el Señor. Deben prepararse en serio y consagrarse de verdad a Mí. Deben pensar en la posibilidad de pasar por situaciones similares a las que atravesó mi siervo Job.

Sus vidas pueden cambiar de un momento para otro, y muchos de ustedes están como la estatua de sal de la mujer de Lot: duros, petrificados, cristalizados en la situación en la que están ahora, no siendo flexibles, no considerando la posibilidad de que sus vidas cambien de un momento a otro.

Algunos de ustedes creen que la estabilidad en la que se encuentran va a permanecer para siempre y no se imaginan que las cosas que ven ahora no se van a mantener como son. No han considerado que, así como la vida de Job, que era un hombre recto y justo, cambió completamente en un solo día, sus vidas también podrían cambiar para probar su amor y su fidelidad hacia Mí.

Consideren esto y suelten en su corazón todo aquello a lo que están aferrados y creen que les pertenece, dice el Señor. Dejen de desear aquello que ustedes quieren, pero que no es lo que Yo quiero que deseen.

Los amo, dice Dios, pero tengo que preparar a un pueblo que resiste el cambio, la pérdida, la prueba, la aflicción, el dolor; un pueblo que hoy solo quiere ser como alguien que ya terminó su carrera.

Hay muchas cosas que ustedes no van a experimentar en esta vida, sino recién en la vida eterna, dice Dios. Así como un atleta tiene que saltar vallas, soportar la sed, el cansancio y el dolor muscular, y resistir hasta llegar a la meta, ustedes también tienen que recorrer ese camino, pasar cada una de esas vallas, sentir ese dolor en carne propia y resistir mentalmente hasta lograrlo, dice el Señor.

Este es un llamado a bajar a la realidad de lo que está escrito y prepararse para pasar por estos sacudimientos que deben cumplirse en estos tiempos postreros.

Conságrense, dice el Señor. Conságrense. Estudien qué significa la palabra «consagración» en general y en la Biblia. Estudien qué significa separarse para Mí, entregarse verdaderamente a Mí y pasar a pertenecerme, como un soldado que sabe que no puede ocuparse de los negocios de la vida una vez que se enrola en el ejército.

[2 Timoteo 2:4] Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.

Maduren, dice el Señor. Crezcan y sean valientes como hombres y mujeres de Dios y ya no como niños caprichosos que solo se acercan a Mí para pedirme cosas, bienestar y prosperidad.

Les pido esto, en parte, para que cuando estas tragedias ocurran en sus ciudades, cuando lo que está escrito golpee a sus puertas, ustedes ya hayan tomado una decisión y estén listos para resistir la prueba de la fe, venciendo y no retrocediendo.

Prepárense y háganse estas preguntas, que son difíciles, pero que les conviene hacerse, dice el Señor:

¿Qué haría yo si me pasara lo que le pasó al hermano tal, que perdió seres queridos cuando ocurrió ese terremoto en Venezuela? ¿Qué haría yo si viniera la inundación que estoy mirando en las noticias y perdiera el fruto del trabajo de mis manos durante tantos años? ¿Qué haría yo si la congregación donde me reúno fuera destruida por un huracán, por un sismo o por lo que fuera que la tocara? ¿Qué haría yo si me quedara solo, perdiendo a mi pareja?

¿Dónde estaría mi fe? ¿Cómo mantendría mi entrega al Señor? ¿Qué haría con el compromiso que hice con Jesús cuando entré en pacto con Él? ¿Qué pensaría de Dios? ¿Lo juzgaría? ¿Le diría que es injusto? ¿Lo abandonaría? ¿O le diría: «Señor, no entiendo por qué me pasa todo esto, pero todavía confío en Ti»? ¿Lo bendeciría o lo maldeciría? ¿Me apartaría o seguiría adelante, sin importar lo que venga a mi vida?

Noelia: El Señor pesa tu corazón hoy y quiere que lo escudriñes para que cuando veas venir en tu propia vida lo que está escrito en la Palabra estés listo para afrontarlo y decirle: «Señor, yo me quedo a tu lado. Yo te sigo amando», aun si perdieras todo y a todos.

Hay muchos pasajes bíblicos que podría mencionar, pasajes que hablan de pruebas, de aflicciones y de las catástrofes que vienen al mundo. Les recomiendo estudiar y meditar sobre eso de vez en cuando, cuando sientan que se vuelven superficiales, cuando vean que el mundo los está llamando demasiado, cuando se den cuenta de que se están olvidando de lo que verdaderamente significa seguir a Jesús y del precio que estamos llamados a pagar para honrar esa sangre que ha sido derramada por nosotros.

Él ya pasó por eso, y ahora nos toca a nosotros sangrar, en lo almático y quizás también en lo físico, a través de las aflicciones que tenemos que vivir porque fuimos encontrados dignos de ser semejantes a nuestro Señor Jesucristo. A veces nos olvidamos de esta parte del Evangelio que Jesús vivió y que dejó como un ejemplo para nosotros.

Hoy el Señor te avisa nuevamente que se vienen cosas complicadas al mundo, cosas distintas en cada región de la tierra, y ninguno de nosotros debe pensar que no va a pasar por ellas, porque el objetivo principal del Señor es que, después de ser probada, nuestra fe sea como oro puro y más fuerte que antes.

Dios me dice que no te olvides de que Jesús venció primero. Él ya lo hizo por ti. Solamente tienes que creerle, seguirle y mantener hasta el final la decisión que tomaste, y Él se va a encargar de lo que te falte, te va a levantar cuando te caigas y te va a fortalecer cuando te sientas débil. No lo dudes.

Lo único que Él espera es que tu decisión se renueve continuamente, que sea un sí permanente, porque cuando eso falla, el enemigo aprovecha las dudas y la confusión. Quédate firme, parado sobre la roca, y venga lo que venga, vas a ser capaz de resistir esas turbulencias, porque Él va a estar contigo.

Dios te ama y te quiere a su lado, pero tienes que entregarle todo tu corazón en todo momento, no solamente una parte y no solamente cuando te sientas bien, cuando es fácil decir: «Señor, te quiero, te amo, te adoro. Siempre voy a estar contigo y te voy a seguir». Pero cuando la tierra se sacude debajo de tus pies, ahí es donde la fe tiene que manifestarse a través de tu decisión de permanecer con determinación en este camino que el Señor nunca dijo que iba a ser fácil.

No te olvides de que la sangre ya fue derramada. El sacrificio ya ha sido hecho y no hay nada que nos falte. Si te falta sabiduría, pídela al Señor. Si el enemigo te robó la fe, recupérala y ordénale que retroceda. Levántate en el nombre de Jesús.

Aunque estés en una cama de hospital, el Señor está contigo si decides seguirlo a Él. Nuestra fe no debe depender de una enfermedad, de un terremoto, de una pérdida o de una muerte. La carne y el alma pueden sufrir, porque somos formados del polvo de la tierra y tenemos emociones, pero nuestra fe no debe menguar por eso. Ese es el núcleo del mensaje de hoy.

Cuando tu esposo se vaya de tu casa, cuando tus enemigos te traicionen, cuando tus hijos no quieran saber nada de Dios, nada de eso debe hacer que tu fe mengüe o desaparezca. Cuando tus compañeros de trabajo se burlen de ti, cuando tu jefe abuse de su autoridad, Dios aún te está mirando. Dios aún te está amando. Jesús aún te tiene en cuenta y tu nombre sigue escrito en el libro de la vida si no decides abandonarlo.

¡Adelante! Adelante, dice Dios, a pesar de las lágrimas, a pesar de las noches en vela, a pesar del duelo por perder a esas personas amadas. Levanten los ojos y miren hacia arriba mientras el mundo entra en decadencia.

Noelia: La fe es lo que hace la diferencia, y para eso el Señor ha hablado hoy a través mío. Dios te quiere usar y quiere glorificarse a través de tus manos, pero tienes que creer, ir por fe y dejarte llevar por el Espíritu.

Mi alma te alaba y te bendice, Señor. Gracias, Señor, porque en este momento estás impartiendo fe a los que escuchan. Gracias, Señor, porque hoy nos ayudaste a reenfocarnos en lo importante, porque hoy nos recordaste que responder a tu llamado y caminar en tu propósito no depende del sufrimiento que estemos atravesando, no depende de las circunstancias que estemos viviendo, sino que todas esas situaciones difíciles son oportunidades para amarte y servirte más, para mostrar quién eres y hablar de Ti.

Henos aquí, Señor, otra vez entregándonos a Ti, consagrándonos a Ti y diciéndote: «Tengo un montón de problemas y estoy sufriendo de distintas maneras, Señor, pero igual aquí estoy, dispuesto a servirte en todo lo que quieras, apartando mi mirada de las cosas terrenales para ponerla en las cosas celestiales. Todo lo que veo a mi alrededor no es lo que quisiera ver, Señor. Mi alma está en angustia, pero mi fe está intacta. Padre, dime qué hago para servirte, para complacerte y para glorificarte, porque hoy me acuerdo de nuevo que es por fe y no por vista».

Saludos y abrazos desde Mendoza, Argentina. Toda la gloria es para Dios.

[Filipenses 1:29] Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él

[2 Timoteo 2:12] Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará.

[Apocalipsis 3:21] Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

[Juan 16:33] Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.