¡Oye, Israel!
Mensaje profético recibido por Mandala Weber
El que quiera escucharme primero debe cerrar sus oídos al mundo, porque son tiempos ruidosos.
¿Por qué quieren morir en su rebelión en vez de venir al Dios de la vida?
Pero mi pueblo huye del silencio para entretenerse. El hombre quiere saciar sus ojos y sus oídos buscando placer en sus dispositivos, pero su búsqueda es insaciable y es en vano.
Escúchenme a Mí y mírenme a Mí, porque solamente en la contemplación del único Dios hay plenitud.
Mi pueblo prefiere llenar su mente con palabras de angustia, noticias de espanto, rumores ajenos, vanidades de los famosos y muchas cosas semejantes, corrompiendo su corazón, dejando que los gusanos perforen sus oídos, alimentando a los parásitos de su alma: afán sobre afán, miedo sobre miedo, espanto sobre espanto, pánico e incertidumbre ante el porvenir.
Al que no practica el silencio no se le puede hablar, porque no sabe prestar atención.
En el silencio hay poder, porque soy Yo quien se encuentra allí.
Muchas de mis ovejas no le prestan atención al Pastor principal. Se distraen, se alejan y se exponen a muchos peligros hasta caer en una trampa que les causa mucho más que un simple susto.
En vano claman a Mí: «¿Por qué? ¿Por qué? ¡Me duele!», cuando ellas mismas saltaron al pozo. Enloquecidamente corrieron para alejarse de Mí, aunque les advertí, les di agua, les di pasto y fui paciente con su terquedad.
Parte de mi pueblo dice: «¡Nosotros somos de Dios!», pero en sus corazones son como una delegación que le dice al Rey: «¡No queremos que reines sobre nosotros!».
¿Hasta cuándo irán en contra de mi Santo Espíritu?
La hora está avanzada y las puertas del arca están a punto de cerrarse. Piensa, ovejita, piensa en tu propio bien. ¿Qué harás cuando venga la hora de la oscuridad?
Ay de los que no lavan sus oídos con hisopo. Ay de los que porfiadamente huyen de su verdadero Amo. ¡Ay y doble ay de los que no tengan Pastor en la hora de gran angustia y temblor!
Vuelvan a Mí antes de que sea demasiado tarde. Una vez más los llamo al orden divino: «¡Oye, pueblo rebelde!»
[Deuteronomio 6:4] Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.
[Salmos 46:10] Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.
[Ezequiel 33:11] Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?
[Eclesiastés 1:8] Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.