Venezuela: ¿qué viene después del doble terremoto?

Mensaje profético recibido por Noelia Fernández

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El Señor te bendiga, amada Iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Estoy aquí nuevamente para compartirles una nueva palabra profética que recibí anteayer, durante un tiempo de vigilia e intercesión por Venezuela, organizado en sus redes sociales por mi amigo y hermano, el profeta Carlos Morán.

En esta nueva palabra profética, el Señor anuncia una nueva gloria que vendrá a Venezuela cuando termine este tiempo de juicio, y dice que estamos más cerca del final que del principio de este tiempo. Pero hay que soportar la parte más dolorosa y más sangrienta antes de que a Venezuela le sea devuelta la corona que le fue quitada.

[Isaías 42:9] He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.

Palabra profética recibida el 27 de junio de 2026

Parte 1

Todo está siendo juzgado: no solamente la gente en Venezuela, no solamente el pueblo de Venezuela, sino también la tierra, sus límites, sus montes, sus ríos, dice el Señor. Toda su geografía está siendo juzgada.

Noelia: Veo un fuego que cae sobre Venezuela, como cayó sobre Sodoma y Gomorra. El Señor esperó y esperó y esperó, mirando desde su trono. Veo a Dios mirando su reloj y diciendo:

¿Cuándo me van a escuchar? ¿Cuándo me van a responder? ¿Cuándo me van a mirar? He aquí que quiero salvarlos, he aquí que quiero detener los juicios, pero mi mano sigue extendida porque ellos no me eligen, porque ellos no me quieren, hijitos, dice Dios.

Hay una razón por todo lo que está pasando. No estoy contento y no me gozo con la muerte de nadie, dice Dios. No me complazco en que esos niños queden huérfanos. Mi corazón se duele y sufre al ver que tengo que ejecutar justicia sobre este pueblo rebelde y duro de cerviz, que no entiende y que tiene que golpearse contra la pared una y mil veces hasta que no puede más. Y recién cuando realmente no puede más, allí piensa en otra dirección.

Hijitos, clamen, ayunen y no dejen de clamar, dice el Señor, porque a ustedes sí los escucho, dice el Señor. Estoy sumando cada palabra, cada oración, inclusive cuando no la declaran con sus bocas, sino que la piensan en sus corazones con dolor, con angustia, con aflicción, dice el Señor.

Noelia: Veo que hay muchos hermanos venezolanos que no oran todo el tiempo con su boca, pero sí con el corazón: Padre, ten misericordia. Padre, detén tu mano.

Estoy escuchando las oraciones del corazón, aunque no abran la boca. No paren, dice el Señor. No paren, porque aunque están viendo tremendos juicios, tanto dolor, tanto sufrimiento y la mano dura que estoy aplicando sobre Venezuela, es por causa de su intervención que las cosas no se ponen aún peor.

No piensen que su intercesión es en vano. No piensen que no estoy escuchando. Estoy anotando cada minuto que ustedes invierten a favor de mi Reino. El nombre de cada uno de ustedes está en mis libros. Cada palabra de ustedes, cada lágrima está en mi redoma. No es en vano, dice el Señor.

¡Sigan, hijitos, sigan! Sigan clamando con fe, porque cuando ustedes claman hay muchas cosas que no van a ver con sus propios ojos, pero que igualmente se están haciendo, y mis ángeles van a rescatar a algunos que todavía están bajo los escombros, porque ustedes están intercediendo, dice Dios.

Oh, amados míos, estoy teniendo misericordia de algunos de ellos y alargándoles la vida, dice el Señor. Cuando ya había dicho que iban a morir, por causa de su oración voy y les alargo la vida, porque ustedes me piden misericordia. Así como cuando Ezequías pidió misericordia por él mismo y le di 15 años más, si ustedes oran e interceden por los que están a punto de morir por causa de estas catástrofes, Yo les doy más años de vida.

No piensen que son en vano las horas de ayuno, dice el Señor. Todo eso también está llenando mi vaso de misericordia. No hay solamente un vaso de la ira que se llena. No solamente se llena la copa de la maldad y del pecado para que un juicio sea derramado. También hay una copa de misericordia que se llena por las oraciones de los santos, por el ayuno, por las lágrimas de los Míos, de los que entienden las cosas por las que Yo sufro y claman por eso.

Hoy les doy una nueva unción a todos aquellos que están interesados en abrir sus bocas y clamar sin vergüenza a favor de la tierra de Venezuela, dice el Señor. Les doy una nueva unción para interceder con poder, con revelación, con visión, en el nombre de Jesús.

… Noelia orando …

Parte 2

Hijitos, dice el Señor, aún tengo mi mano extendida sobre el país venezolano.

Noelia: Veo la mano derecha de Dios extendida sobre Venezuela. Es una mano enorme que cubre todo el país, y por esta causa hay sombra y oscuridad en este tiempo. Veo al Señor sacudiendo su mano sobre Venezuela, y la tierra tiembla como un borracho.

Sigan clamando, dice Dios, porque aún va a temblar la tierra, porque sus mares se van a levantar, porque vienen catástrofes climáticas. No han terminado los juicios sobre la tierra venezolana.

Noelia: Veo que la geografía y los límites de la tierra cambian.

Aún falta que los montes se aplanen, dice el Señor. Aún falta que las llanuras se levanten. Aún falta que el mar suba sobre la tierra venezolana.

Clamen, hijitos, porque aún viene más. Clamen, dice el Señor, porque el pecado es demasiado y estoy airado contra las naciones que no quieren escuchar mi voz, que rechazan y se ríen de mis voces proféticas, de mis evangelistas y de aquellos que hablan de Mí. Estoy airado por el maltrato contra mis hijos, a los cuales envío para dar y conceder más y más oportunidades.

Noelia: Veo el puño del Señor golpeando sobre el mapa de Venezuela. Vienen aún más problemas políticos. El ejército se prepara para rebelarse. Los militares quieren tomar el poder y colocar una cabeza ilegítima.

Clamen, dice el Señor, porque Diosdado Cabello se prepara.

Noelia: Veo a este líder colocándose el traje militar, colgándose una ametralladora al pecho, poniéndose pistolas y granadas, y arengando a los militares venezolanos.

Clamen, dice el Señor, porque viene una rebelión y viene caos en las calles, como una guerra civil: todos contra todos, porque explota la olla. Todo va hacia la cima de la montaña, hacia el punto más álgido, más doloroso.

Vienen los últimos eventos antes de la liberación de Venezuela. Estamos yendo a la cima de la montaña. Estamos caminando hasta el pico más alto de este proceso y estamos casi por llegar, pero aún no hemos llegado.

Viene revuelta, dice el Señor. Se quiere tomar el trono de Venezuela. Se quiere ocupar ese trono por la fuerza.

Noelia: Veo a Diosdado Cabello haciendo una conferencia de prensa y anunciando algo. Veo militares reprendiendo, oprimiendo, vigilando y frenando a la gente en las calles.

Oren por esto, dice el Señor. Lávense las caras y sigan, porque aún falta parte de este proceso. Resistan, amados míos, porque esto tiene que pasar. La olla tiene que explotar antes de que venga lo que tiene que venir, para que realmente se dé lo bueno para esta Venezuela que Yo había levantado, que Yo había exaltado.

Noelia: Estoy viendo una Venezuela que era muy rica y próspera en el pasado. La gente tenía dinero y podía construirse buenas casas y tener buenos autos. El Señor me muestra que Venezuela era muy bendecida en ese pasado glorioso, así como también pasó con Argentina.

Pero cuando los levanté, se olvidaron de Mí y me quitaron del trono, colocando demonios, dice Dios. Me abandonaron y entregaron a Venezuela a los brujos y a los chamanes, trayendo destrucción sobre sus propias cabezas, trayendo maldición sobre sus tierras.

Oh, amados míos, cuánto se dolía mi alma cuando veía lo que iba a venir sobre ellos si no se arrepentían. Por tantos años los llamé, les advertí y les anuncié que no lo hicieran. Les revelé lo que iba a pasar, incluso por sueños y aun a los inconversos, hablándoles de noche y de día: «No lo hagan, hijitos. No lo hagan», pero igualmente me dieron la espalda.

Por eso tantos años de vergüenza, dice Dios. Por eso tantos años de humillación. Pero hay un tiempo establecido para este juicio. Hay un principio y un final.

Tengan esperanza, dice el Señor, porque estamos más cerca del final que del principio. Esto está a punto de acabar, y cuando quieran acordarse, todo esto será memoria.

Evangelicen, dice Dios, y sigan ayunando por su país. Sigan creyendo que esa gloria va a volver, que esa nueva Venezuela va a nacer. Tengo un plan para ustedes, amados míos. Tengo un plan para los Míos y tengo un plan para este país.

No vuelvan atrás. No se arrepientan de amar. No se arrepientan de esperar. No se arrepientan de hacer el bien. Muéstrenme a Mí mientras estos juicios se derraman en Venezuela. Sean ejemplo. No se opaquen y no se apaguen, dice el Señor. Coloquen alabanzas de día y de noche, para que no venga a tomarlos el espíritu de miedo y de tristeza, para que la angustia no sea mayor que la esperanza.

Oh, amados míos, batallen en la mente con la espada del Espíritu, proclamando lo que está escrito contra el diablo, que habla mal de Mí. Créanme a Mí y no a él.

Recuerden cuántas veces juzgué a Israel por sus pecados, dice el Señor, cuántas veces hice justicia contra ellos cuando se terminó el tiempo de gracia y de oportunidades. Pero después de haberlos juzgado, después de que pagaron por ese pecado, los restauré, y aún hoy los estoy restaurando.

Los venezolanos que están en la diáspora van a volver cuando Yo levante a Venezuela, así como Israel volvió de la diáspora cuando demarcé los límites y creé una nación en un día para que mi pueblo judío tenga un territorio donde vivir, dice el Señor.

Lo mismo va a pasar con Venezuela cuando termine este proceso. Aquellos que se fueron al exilio y escaparon de estos juicios se van a regocijar y me van a dar la gloria, dice Dios. Van a volver a su tierra y van a besarla, y van a darme gracias por la restauración que voy a hacer en ella. Van a volver de la diáspora y van a anhelar vivir en esta tierra que voy a bendecir.

Oh, amados míos, tengo un plan. No se olviden de que soy un Dios de portentos, dice el Señor. Me voy a glorificar en esta tierra, y todos los que antes la despreciaban se van a arrepentir y no van a poder creer lo que voy a hacer con ella. La corona que le quité se la voy a devolver con las piedras preciosas multiplicadas en ella.

Oh, dice el Señor, voy a levantarla tan alto y voy a humillar a las naciones que hablaron mal contra ella. Voy a revertir la situación una vez más y voy a asombrar a muchos analistas geopolíticos que nunca se imaginaron que Yo haría esto.

Así como la humillé, la voy a levantar, dice el Señor, y ustedes darán testimonio de tantas oraciones respondidas, de tantos días y tantas noches de vigilia. Van a dar testimonio de que soy un Dios que escucha al que clama de todo corazón, al que gime por los que sufren.

Tengan esperanza, amados, dice el Señor. Ustedes tienen un trabajo para hacer, porque todo lo que estoy diciendo se va a concretar por causa de la oración de mi pueblo. Todo lo que he dicho se va a concretar porque ustedes lo hablan con sus bocas, porque ustedes están llamados a llamar a las cosas que no son como si fueran.

Llamen a esa Venezuela nueva aun sin verla hoy, pero como si ya fuera, dice el Señor. Hablen de esta nueva Venezuela gloriosa, porque este plan ya está en el espíritu y solo falta que se concrete en la materia. Pero eso va a realizarse a través de un pueblo que clama, de un pueblo que sufre y que interviene en los asuntos espirituales con la autoridad que les he concedido, con la fe que les he dado y en el nombre de Jesús.

Noelia: El Señor me dice que todos los que vengan a interceder por Venezuela en estas reuniones no tengan vergüenza de clamar, de llorar, de levantar la voz, de dejarse llevar por el Espíritu Santo, porque es el Espíritu el que clama con gemidos indecibles y usa bocas para expresar lo que mueve el corazón del Señor.

No retengan sus emociones cuando sean sinceras, dice el Señor, porque Yo no desprecio a un corazón contrito y humillado que clama genuinamente, sin fingimiento. Siéntanse libres de orar como lo sientan de parte del Espíritu Santo, porque así oraron grandes hombres y mujeres en la antigüedad, como lloraban los Míos cuando veían a sus propios pueblos sufrir.

Estoy trayendo una renovación de la intercesión. Estoy trayendo una restauración de la intercesión en estos últimos días para que haya un pueblo que clame como a Mí me gusta, dice Dios. Aunque los llamen locos y religiosos, no escuchen, porque ese es el diablo que los quiere opacar, que los quiere apagar, para que sean como una planta inerte que no sabe cómo orar.

Pero Yo uso un pueblo latino cargado de pasión para orar de modo que ese clamor llegue a mis oídos y me mueva a actuar a su favor, dice el Señor.

Sigan, hijitos, dice Dios. Sigan uniéndose. Continúen, dice Dios, generando redes de ministros y dejando las diferencias de lado para que pueda usarlos en el poder del acuerdo. Esto es lo que quiero para mi pueblo, porque una casa dividida no puede permanecer, y el poder de la intercesión está en el acuerdo y en la unión.

Dejen las diferencias de lado y únanse a orar, dice el Señor, porque ese es el poder del amor. Amén.