Dios habla a Venezuela después del devastador terremoto
Mensaje profético recibido por Noelia Fernández
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Bendiciones en el nombre poderoso de Cristo Jesús. En esta oportunidad, el Señor quiere hablar a su pueblo, en especial a su pueblo venezolano, por causa de los dos terremotos que acontecieron hace dos días en Venezuela, donde miles y miles perdieron la vida.
Como persona, me encuentro muy afligida y triste por lo que aconteció y por ver cómo mis hermanos venezolanos están sufriendo, pero aun así el Señor quiere hablar a su pueblo a través mío y recordarle que Él había avisado sobre esto, no solamente a través mío, sino también a través de muchos profetas y de sueños.
Hace años que Dios viene llamando al pueblo venezolano al arrepentimiento, especialmente a los que no están convertidos, a los que no conocen a Dios, a los que se amparan en otros dioses. Dios viene dando oportunidades una y otra vez para que tal vez aquellos que están en idolatría, en adoración a dioses falsos, se arrepientan y vengan a los pies del único Dios.
Como ustedes han visto, hace siete años que vengo anunciando este terremoto tan fuerte. En 2018 el Señor empezó a hablarme sobre este terremoto, pero las palabras más claras y contundentes que ustedes van a encontrar sobre Venezuela las recibí a partir del año 2019.
Les voy a compartir fragmentos de tres mensajes proféticos donde he avisado que esto iba a suceder tarde o temprano en Venezuela.
El primer mensaje se llama Profecía sobre Venezuela y Maduro (parte 1) y lo recibí el 14 de febrero de 2019.
Veía confabulaciones, complots y planes de guerra, de invasión y de saqueo contra la nación venezolana. Veía también terremotos. Ustedes saben que ya he profetizado un terremoto para la nación de Venezuela y, además de otras cosas, el Señor me mostraba al menos un fuerte terremoto que venía sobre Venezuela. …
Después, el Señor me mostraba la ciudad de Caracas. Veía cómo corría la sangre y cómo las madres lloraban por sus hijos, y el Señor me recordaba el versículo donde Raquel llora por sus hijos. Esta palabra me compungía muchísimo, pero confiamos en que el Señor sabe lo que hace y que en su mano está en todas las cosas.
Ustedes tienen que entender que todo lo que está pasando va a desencadenar en la libertad de Venezuela. Cuando termine de pasar por este túnel, el pueblo finalmente va a ver la luz.
El segundo mensaje se llama Profecía sobre Venezuela y Maduro (parte 2) y lo recibí el 8 de mayo de 2019.
Hijitos míos, dice el Señor, en esta hora los bendigo. Tómense fuerte de mis manos para poder resistir el sacudón que voy a traer sobre Venezuela, porque no solo va a ser un sacudón político, sino también territorial, y voy a hacer temblar la tierra en Venezuela.
Este sacudón va a hacer que la tierra en Venezuela cambie, que los accidentes geográficos de Venezuela cambien. ¿Saben por qué? Porque si hay cambio espiritual, este se manifiesta en un cambio en lo material, y Venezuela ya no va a ser la misma después de lo que estoy haciendo.
El tercer mensaje es más reciente, del 10 de enero de 2026. Allí Dios viene advirtiendo a su pueblo venezolano que se prepare para el terremoto y que esté clamando, orando, intercediendo y ayunando, para que, cuando acontezca, al menos su pueblo ya esté advertido y no esté en incertidumbre o en oscuridad.
Por ejemplo, aún falta que se cumpla ese terremoto muy fuerte también profetizado por otros profetas. Así como la caída de Babilonia fue profetizada por varios profetas en la Biblia, Dios anuncia el porvenir como a Él le place y revela distintas piezas del rompecabezas profético a través de distintos profetas.
Les estoy recordando esto no para vanagloriarme, sino para que la gente entienda que hay un Dios que es todopoderoso, que anuncia lo por venir y que no quiere que nadie se pierda, y tal vez, a través de esos anuncios que hacen sus atalayas y sus profetas, muchos se vuelvan a Él y Él pueda tener misericordia antes de que esos juicios se cumplan.
Así que toda la gloria para el Señor por este cumplimiento profético. Hubiéramos preferido que no sea así, pero aún falta que Venezuela sea quebrantada para que muchos entiendan que ningún dios puede salvar a un alma si no es el Dios de Israel: el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.
Mientras oraba hoy, el Espíritu Santo me daba este pasaje:
[Jeremías 31:28] Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, para trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová.
Resistan, hijitos, dice el Señor. Mientras les duelen los ojos de llorar, abrácense a Mí, a la única columna inamovible que no se quiebra, que no se rompe y que no se desestabiliza mientras todo alrededor cae.
Amados míos, muchos se refugiaban en dioses falsos mientras la tierra temblaba. Clamaban a sus baales, pero ellos no pudieron salvarlos, dice el Señor. Ustedes, los que son míos, háblenles de Mí a aquellos que, viendo que sus dioses no respondieron, tienen una oportunidad de salvación.
Amados míos, dice el Señor, tengan esperanza, porque tengo un propósito para Venezuela. Aunque ahora sus ojos vean destrucción, llanto, angustia, pérdida, desolación, hay un reverdecer que viene a esta nación. No la dejaré desamparada para siempre, porque Venezuela es mía, y lo que estoy haciendo es para limpiarla.
Después del juicio viene la restauración, dice el Señor. Después del golpe viene la sanación.
Hijitos, resistan, dice el Señor a sus hijos en Venezuela o afuera de Venezuela: a los que están sufriendo como si sus pies estuvieran pisando esa tierra, a los que han perdido familiares, amigos cercanos, inclusive mascotas, terrenos o propiedades.
Amados míos, dice el Señor, todo tiene una razón de ser. Resistan y abrácense de Mí. Recuerden que Yo estoy con ustedes y no pongan sus ojos en lo terrenal, sino en lo espiritual.
Noelia: Estoy viendo que algunos de ustedes se están preguntando: «¿Por qué, Señor? ¿Por qué permitiste esto? ¿Por qué vino la calamidad sobre nosotros?» Y el Señor responde a su pueblo hoy:
Toda alma me pertenece. Toda alma es mía y no de ustedes, dice Dios. Yo sé lo que hago, amados míos. Yo tengo una balanza justa y soy el único que da el pago exacto a cada alma. Yo soy el que da la vida, y Yo soy el que la quita.
Esto es una prueba de fe para muchos de ustedes que alguna vez me dijeron que seguirían amándome no importa lo que pase, dice el Señor, independientemente de lo que venga.
Yo soy el que soy, dice el Señor. Vengan a Mí y derramen sus lágrimas ante Mí, para que los consuele. Estoy en todas las cosas. Yo sé lo que hago. Estoy pasando escoba sobre mi pueblo venezolano para llenarlo de fe a través de estos acontecimientos catastróficos en medio de los cuales no es posible mantenerse en pie en la carrera de la fe sin aferrarse verdaderamente a Mí.
Amados míos, dice el Señor, no he terminado aún con Venezuela. Aún la estoy procesando. Aún la estoy limpiando, porque la amo, porque al hijo que amo lo disciplino. La vara no es en vano.
Vuelvan a confiar en Mí, todos ustedes los que han perdido la fe por causa de este evento. Yo sé cuánto les duele, dice Dios. Yo sé que sus corazones están partidos al medio. Yo veo lo que sufren. Escucho sus palabras, estoy anotando sus oraciones en mis libros y estoy recibiendo la intercesión de mi pueblo venezolano como incienso que mis ángeles juntan en las copas celestiales.
Amados míos, hay un propósito para todo, dice Dios. No mengüen en la fe. Resistan y manténganse de pie, sabiendo que Yo soy el que soy y que tengo a Venezuela en mi mano. No la voy a soltar hasta que no haya terminado de disciplinarla, para que, después de limpiar su tierra, la restaure.
Amados míos, no se concentren en lo que hoy ven sus ojos, les dice el Señor a los que habitan allí en este momento tan doloroso y trágico. Vean a esa nueva Venezuela que va a nacer como si ya se hubiera concretado. Hablen de esa nueva Venezuela renovada y purificada, aunque aún no la vean.
Es muy difícil creer cuando todo está negro, cuando todo está opaco, cuando todo está oscuro, tenebroso y trágico. Lo sé, dice Jesús. Es muy difícil creer y tener esperanza cuando la muerte abunda alrededor, cuando la sangre corre por las calles y entre los edificios derrumbados.
Pero Yo estoy ahí, amados míos, y me estoy revelando a muchos entre los escombros. Yo soy el que soy, dice Jesús. Yo soy el Salvador.
Aunque a ustedes les cueste creerlo, mientras muchas personas aún están atrapadas entre esos escombros, Yo me paseo revelándome a muchos de ellos, que me están viendo o escuchando por primera vez, para que tal vez se arrepientan en sus últimos momentos y se entreguen a mis brazos, para que, aunque sus cuerpos mueran, sus almas vivan en Mí para siempre, en la eternidad.
Amados míos, no se olviden de que Yo soy el que soy, dice Jesús, y que aun en medio de esta calamidad me estoy glorificando. No he abandonado a mi pueblo. No le crean al enemigo, que aprovecha para mentirles, confundirlos y provocarlos, para que se alejen de Mí.
Amados, resistan la prueba de la fe que están atravesando, dice el Señor. Recuerden las palabras de los discípulos en el libro de Hechos, que tuvieron que pasar por tantas pruebas, por persecución, hambre, frío, calamidades y aun hasta la muerte.
Resistan en la fe, que es más preciosa que el oro, dice el Señor, porque estoy con ustedes. Estoy con ustedes, hijitos. Estoy aquí, estoy ahí, estoy allá. Estoy afuera y estoy adentro. No los he abandonado, amados míos. Abrácense de Mí, de su único Salvador y Señor que no abandona a los suyos en medio de los juicios que son derramados sobre las naciones rebeldes.
Estoy escuchando la intercesión de mi pueblo, dice el Señor. Estoy escuchando el clamor desde sus entrañas. Mis oídos no están cerrados al clamor de muchos de los hijos de mi pueblo venezolano.
Esto va a hacer que muchos vuelvan a la fe, dice el Señor. Ustedes tienen que entender que, en medio de los juicios que son derramados sobre la tierra hay una misericordia que estoy teniendo con muchos. Es una nueva oportunidad que estoy dando.
Mientras esto tan terrible acontece, me estoy glorificando y mi nombre está siendo proclamado por todos los rincones de Venezuela. Muchos van a volver a la fe por causa de este evento. Muchos van a acordarse de que un día caminaron conmigo y muchos van a entender que sus dioses no pudieron salvar a sus seres queridos que no quisieron aceptarme.
Noelia: Lo veo al Señor golpeando a Venezuela con su puño cerrado. Veo la sangre que corre en esta nación en estos días tremendos de aflicción y de dolor indescriptible que solamente pueden entender los que están ahí ahora.
Yo dije que venía fuego de purificación, dice el Señor. Yo advertí y llamé, y no me quisieron escuchar. Yo golpeaba la puerta, y no me la abrían. Yo sonaba la trompeta, y se tapaban los oídos para no escuchar. Yo avisé que se venía lo peor, y aun así me daban vuelta la espalda.
Soy un Dios justo, dice Dios, y mucho pueblo que no era mío en Venezuela llenó la copa y colmó la medida del pecado, hasta que ese mismo pecado se vino contra ellos.
Amados míos, dice el Señor, Yo voy a restaurar a esta nación. Mis ojos están mirando fijo a Venezuela. La estoy humillando ante el resto del mundo para después, cuando reconozca su pecado, levantarla.
Amados míos, dice el Señor, esta nación había sido entregada a Satanás por las cabezas que la gobernaban, y había una justicia que debía llevarse a cabo. Pero luego de la oscuridad viene la luz. Luego de pasar por este túnel oscuro saldrá el sol.
Resistan y aférrense a Mí, dice el Señor. Estoy con ustedes. Sigan clamando y sigan ayudando. Salgan a las calles y compartan lo que tienen, lo poco que les quede, dice el Señor. Muéstrenme a Mí con el ejemplo de ustedes, porque quiero que mi Iglesia en Venezuela sea activa, que haga y no solamente que diga, que abrace, que acompañe, que reciba en su propia casa a los que se quedaron en la calle.
Esta es una oportunidad donde los peces tienen más hambre que nunca, dice el Señor. No se queden callados. Compártanles las noticias del Reino, las buenas nuevas de esperanza. Háblenles de Mí. No tengan miedo. Abran sus bocas, porque este terremoto vino para cosechar almas. Este terremoto vino para sacudir y derribar lo que no tenía que estar, pero también para plantar y edificar lo que viene de mi Reino.
Ustedes son parte de esos obreros que quiero usar para revelarme a muchos durante estos días, dice el Señor. No cierren sus bocas, no se queden sentados en la tristeza y en el dolor, sino que hablen y hablen y hablen sobre quién soy Yo.
Sean ejemplos de fe mientras muchos no tienen más esperanza después de perderlo todo y a todos. Sean diferentes y muéstrenles el camino a los que ya no saben dónde están parados.
Hijitos, aún estoy sacudiendo a Latinoamérica, dice el Señor, porque tengo grandes planes para ella. Aún viene más horror y calamidad. Hablen y proclamen lo que viene, escuchen o dejen de escuchar. Sean atalayas de mi Reino. Compartan los sueños que les estoy dando y no sean egoístas.
Noelia: Dios me está mostrando que algunos de ustedes soñaron con estos terremotos y no se animaron a hablar de esos sueños cuando Dios les había indicado que lo hagan.
No vuelvan a cometer el mismo error cuando sientan que soy Yo el que los está llamando a compartir esas revelaciones que vienen de mi Reino, dice Dios. Sean valientes y atalayen, que aún viene más, porque esto no está terminado.
Esto no es todo, dice Dios. Aún viene más caos, más destrucción, más hambre, más rebelión. Ni aun con esto van a reaccionar en Venezuela aquellos que me dicen que no, una y otra vez, dice el Señor. Ni aun viendo las plagas que envío contra ellos van a dejar de endurecer sus corazones.
Esto es parte de mi proceso: juicio para los que no quieren arrepentirse y purificación para mi pueblo venezolano.
Hoy los fortalezco, dice el Señor. Hoy imparto nuevas fuerzas a través de esta palabra profética. Hoy los revisto de poder para salir a las calles y sanar a los enfermos, a los heridos y a los dañados. Hoy imparto de nuevo lenguas de fuego en sus bocas para evangelizar y romper la roca de esos corazones endurecidos por el pecado. Hoy los envío para ser voceros del reino de los cielos.
Los amo, dice el Señor. No los he abandonado y no los voy a abandonar, porque Yo no desprecio un corazón contrito y humillado que me busca, que se arrepiente y que viene a Mí de rodillas, clamando, intercediendo y ayunando por lo que a Mí me importa.
Noelia: Estoy viendo gente haciendo rituales y hechizos en Venezuela: levantando sus ojos al cielo, hablándoles a los elementos creados, clamando al sol, a la luna y a las estrellas, invocando la lluvia, invocando nombres blasfemos y llamando a potestades poderosas del infierno para que vengan a operar en Venezuela.
El Señor ha visto desde su trono tanta y tanta hechicería, ocultismo, brujería y rebelión, y estos pecados han colmado el vaso de la maldad.
Ellos han maldecido esta tierra y la han consagrado al enemigo, poniendo su esperanza en estos rituales, estas estatuas, estos falsos dioses y estos espíritus malditos, y han traído destrucción, hambre, desolación y calamidad contra sus propias cabezas.
Pero sobre la Iglesia del Señor hay un dosel. Para su pueblo hay un Gosén. Hay tinieblas sobre Venezuela, pero luz sobre los que resplandecen en su nombre.
El Señor dice a aquellos que se mantuvieron puros, rectos y limpios durante todos estos años de juicio sobre Venezuela que no se perviertan, que no se dobleguen, que no se vendan, que sean como columnas firmes a las que otros puedan abrazarse.
Tengan esperanza, dice el Señor.
Noelia: Dios me hace saber que esto no ha terminado y que viene más. Vienen más catástrofes, porque el juicio aún no ha terminado de derramarse sobre esa tierra.
Ustedes piensan que ya no pueden más, dice el Señor. Ustedes piensan que no van a poder resistir nada más. Pero no van a ser ustedes los que se mantengan en pie por sí solos. El poder de mi fuerza en ustedes los va a ayudar a mantenerse, porque los estoy preparando para los últimos tiempos. Mi pueblo en Venezuela va a ser uno de los pueblos más fuertes y ejemplares en Mí, y muchos van a aprender de ustedes.
Resistan, hijitos míos, dice el Señor. Yo los sostengo. Venezuela va a ser luz a las naciones, pero no sin antes tocar fondo.
Noelia: El Señor me muestra que algunos de ustedes han perdido gente en estos terremotos terribles, pero Él los va a sanar y los va a ayudar a pasar por este duelo. Solamente tienen que soltar a esas personas que han perdido, porque todas las almas son de Dios.
Entreguen en sus corazones a todas esas personas que se han ido, entendiendo que Dios es juez sobre toda la tierra, que todo lo que Él hace tiene un propósito para bien y no para mal para aquellos que lo aman, y que Él es soberano y no sucede nada si no es por su decisión.
El Señor dice que batallen en su mente contra el enemigo, que los está atacando terriblemente en estos días en medio de este proceso. El Señor dice que lean especialmente los Salmos y los proclamen cuando el diablo venga a tratar de robarles la esperanza.
Muchos tienen que ayunar para que, mientras su carne se debilita, sus espíritus se mantengan fuertes y firmes en la fe del Señor. Dios dice que los que tengan algo lo compartan con los necesitados, que evangelicen y que velen en la madrugada, porque el Espíritu Santo les va a indicar lo que deberán hacer o dejar de hacer, adónde ir o dejar de ir, cómo manejarse y cómo estar bajo resguardo mientras pasa el turbión.
El Espíritu me hace entender que este no es el terremoto que profeticé para Colombia justamente anteayer, aunque Colombia se movió un poco por causa de este terremoto con epicentro en Venezuela.
Muchos de ustedes se confundieron, porque vieron ese aviso profético de terremoto para Colombia y pensaron que me había equivocado y que el terremoto que había profetizado no era para Colombia, sino para Venezuela. Pero no es así.
El Señor ya había profetizado estos terremotos para Venezuela, pero ahora está anunciando un terremoto para Colombia. Por lo tanto, los colombianos también tienen que prepararse: tienen que orar, interceder y estar atentos a sus sueños, a las revelaciones de parte de Dios y a las instrucciones e indicaciones que reciban, porque este tipo de proceso también viene para Colombia a través de movimientos telúricos en el futuro.
Pero no le den lugar al miedo, dice Dios. No le den lugar al miedo. Batallen contra el miedo con la espada de la Palabra y estén atentos al Espíritu Santo para saber cuál es el rol de cada uno de ustedes mientras estos procesos se dan en todo el mundo.
Noelia: El Señor me muestra que hay muchas mujeres en Venezuela que están llenas de fe, porque Él las ha dotado con mucha fe. El Señor les dice a estas mujeres que alienten a los caídos en la fe, que compartan con otros esa fe que han recibido y que la impartan a los que hoy están flaqueando en la fe y no están tan firmes como ustedes.
El Señor quiere usarlas. Manden ese mensajito que tienen en su corazón. Vayan a tocar esa puerta. Pongan por obra esas ideas que están recibiendo y que vienen del Espíritu Santo, porque Dios las quiere usar.
Ahora estoy viendo piernas que están temblando, rodillas que están por ceder, y el Señor les imparte fe y fuerza para mantenerse en pie.
Dios les dice a todos ustedes que no se olviden de que Él está en todas las cosas. Él no está quieto. Su Espíritu se está moviendo por todos los lugares afectados por esta situación en Venezuela. Dios no está quieto, y aunque ustedes no lo sepan y no vean lo que Él está haciendo, Él se está moviendo y sus ángeles están ministrando a muchos en medio de este dolor.
Amén. Gracias, Señor, por esta palabra de consuelo.